El dilema de Marcelo

Roberta Garza
2009-10-20•
Acentos
Es un poco injusto acusar a Ebrard de privilegiar a los manifestantes del SME sobre la cultura por haber retirado del Zócalo las carpas que albergan la Feria del Libro de la Ciudad de México. Vaya, lo mismo hubiera hecho si en vez de libros la feria ofreciera dulces típicos, y eso no quiere decir que el jefe de Gobierno prefiera la camorra que los jamoncillos, ¿no?
Pero la imagen es muy poderosa. Cajas de libros saliendo de la plaza para dar paso a puños cerrados y a cartelones de muy dudosa reputación: “Felipe, chinga a tu madre” y “Narcos, maten a Calderón”. El conjunto provocó la sensación de que la vida urbana y el bienestar de la ciudadanía fueron secuestrados por una causa escasamente popular y que el jefe de Gobierno se mostró muy raudo en complacer a la segunda sobre los primeros.
Quizá porque lo fue. Ebrard hizo lo correcto al remover la feria: hubiera sido un despropósito tener a miles de manifestantes iracundos conviviendo con tantos libros. Sin embargo, la delicadeza con que el jefe de Gobierno ha tratado a los sindicalistas —apuntándose para promoverles su controversia constitucional una vez que el Congreso pasara el asunto a eternizarse en comisiones; ofreciéndose a mediar entre el SME y el gobierno federal y exculpando al sindicato de la quiebra de la empresa, señalando en vez a su administración en una precisión que sería veraz sólo si México fuera un país con la limpieza institucional de, digamos, Noruega— llevó a su bancada de la ALDF a sentirse con la necesidad de aclarar que detrás de la defensa de lo indefendible está la preocupación de Ebrard por el futuro de los trabajadores, lo que me lleva a preguntarme si esa misma preocupación de genuino hombre de izquierda lo asaltó cuando le quitó a los pobres ambulantes del primer cuadro su fuente de trabajo, o cuando desalojó a los fayuqueros de Tepito de sus casas.
Porque no se puede chiflar y comer pinole: o le entramos a la erradicación de nuestras barbaridades institucionales históricas o no nos quejemos luego de las molestias que éstas ocasionan. Es imposible saber hasta qué punto Ebrard le teme al factor AMLO-SME y a su capacidad de paralizarle la ciudad, pero exculpar irregularidades, corruptelas y chantajes sólo cuando se cometen en los bueyes de mi compadre nos describe más a un oportunista político o a un medroso segundón que a una opción genuina de gobierno. Más pronto que tarde Ebrard deberá definirse claramente como lo segundo si no quiere ser catalogado, por default, como lo primero.
roberta.garza@milenio.com
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Amarillo deslavado
El futuro del PRD. Marcelo Ebrard encarna el principal capital político del PRD; sin embargo, llega al Congreso Nacional sin alianzas sólidas, atrapado en la lucha de corrientes y sin el rango de consejero
Manuel Durán y Ariadna Bermeo
(12 agosto 2007).- La mañana del 26 de mayo todo estaba listo para que Marcelo Ebrard jurara como consejero estatal del PRD.
Era el paso esperado por el jefe de Gobierno para ponerse de lleno la camiseta amarilla del perredismo, y disipar en definitiva los recuerdos de su pasado priista y los regateos a su nueva militancia.
La agenda del Consejo citado en el Salón Covadonga de la colonia Roma preveía que el jefe de Gobierno leyera un discurso y protestara como consejero.
Pero el único líder de corriente que llegó a la cita fue René Arce, de Nueva Izquierda, el único grupo que no tiene alianza con Ebrard.
Ante las ausencias de las corrientes que apoyan a Ebrard, el secretario de Gobierno del Distrito Federal, José Ángel Ávila, convocó a Arce a una reunión privada en la cual pidió un favor: "Registra a tus consejeros y ayúdame a hacer quórum", le dijo.
El líder de Nueva Izquierda en el Distrito Federal se negó. El argumento fue que había porristas para Ebrard, quienes jugarían el papel de provocadores cuando tomara el micrófono el líder de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, Víctor Hugo Círigo, también integrante de Nueva Izquierda.
Llegó el mediodía y, ante la ausencia de consejeros de las corrientes afines a Ebrard, el presidente del PRD capitalino, Ricardo Ruiz, tuvo que suspender el Consejo, prometiendo convocar a la brevedad.
Tras dos meses, el mandatario capitalino continúa en su calidad de militante y así, sin la insignia de consejero perredista, llega al Décimo Congreso Extraordinario del partido.
Su camiseta en el Congreso no es del amarillo intenso que se esperaría para el jefe del gobierno que representa el capital político más importante del PRD.
Rehén de corrientes
Los intentos de Ebrard por tener un representante absolutamente leal en la dirigencia del partido no han fructificado.
Alejandro Rojas Díaz-Durán libra todos los días una batalla por posicionarse en la filas perredistas. Pero el ex priista, camachista de toda la vida y uno de los personajes más leales a Ebrard desde los años noventa, hoy sólo es uno más de los 35 congresistas afines al jefe de Gobierno, como parte de la corriente "Movimiento Entre Ciudadanos" (MEC), siglas que coinciden con las de Marcelo Ebrard Casaubón.
Desde el proceso de transición, Ebrard encomendó a Rojas Díaz-Durán incrustarse en el PRD. Primero buscó ser secretario general del PRD-DF en un proceso que abortó ante la falta de acuerdos y la salida de su presidente, Martí Batres.
Cuando López Obrador intervino para poner orden, Ricardo Ruiz fue designado presidente local y Carlos Reyes Gámiz secretario general.
Rojas Díaz-Durán se había conformado con la cartera de prensa y propaganda, pero tampoco eso pudo amarrar.
Hoy, Rojas Díaz-Durán forma parte de una estrategia para que las corrientes afines a López Obrador consigan la dirigencia nacional perredista, con Alejandro Encinas como candidato. El camachista se apuntó en el sitio dos de la planilla que encabezó Encinas para la elección de consejeros rumbo al Décimo Congreso Nacional.
Un colaborador del primer circulo de Ebrard, quien prefirió el anonimato, afirma que uno de los objetivos del jefe de Gobierno es consolidar al partido, lejos de fracturarlo o abandonarlo.
Para ello, se busca convertir al gobierno de la ciudad en un referente nacional de cómo gobierna el PRD.
"La izquierda en la Ciudad es el PRD, hay que cuidarlo, estar de su lado, y nosotros queremos estar de ese lado", señaló.
Este funcionario asegura que Ebrard avanza en posicionar su imagen dentro del partido, pues en la elección de consejeros, donde sólo votaron militantes, tuvo la misma aceptación de cuando ganó la candidatura, cuando votó la ciudadanía en general.
Pero reconoce que las tribus les han fallado, pues operan bajo la lógica de que "las facturas se pagan siempre y no sólo una vez".
Otro factor en contra de Ebrard es la composición de la bancada perredista en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal donde los "chuchos" son mayoría, empezando por su líder, Víctor Hugo Círigo.
Esto hace que, a pesar de que el PRD es mayoría absoluta en la ALDF, cada iniciativa del jefe de Gobierno tenga que ser negociada y muchas veces rechazada por los diputados locales de su partido.
En opinión de Carlos Reyes Gámiz, secretario general del PRD-DF, a Ebrard le falta construir un liderazgo que se sobreponga a las corrientes del partido, como lo hicieron en su momento Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador.
Para otros perredistas, como el diputado local Isaías Villa, hasta ahora Ebrard gobierna sin partido, en una "fría relación política" con el PRD.
Gobierno camachista
Un elemento que se le reprocha a Ebrard en las filas perredistas es su círculo cercano, pues no todos los funcionarios de primer nivel en el GDF provienen del partido, sino del priismo y más específicamente del camachismo.
A seis años de perder el registro, los fundadores del desaparecido Partido del Centro Democrático encontraron en el gobierno capitalino un espacio para reagruparse, y hoy ocupan cargos claves en la administración de Ebrard, quien fundó el PCD junto a Manuel Camacho Solís.
El actual secretario de Gobierno, José Ángel Ávila, fue representante del PCD ante el Instituto Federal Electoral en el 2000, siendo Camacho candidato presidencial.
Ignacio Vázquez Torres, actual coordinador de Proyectos Estratégicos, fue delegado en Cuauhtémoc cuando Camacho era regente del Distrito Federal.
En un área crucial para Ebrard, el ahorro de energía, fue nombrado Jaime Arceo, quien como asambleísta en 1991 era la voz de Camacho en ese naciente órgano legislativo de la ciudad.
Mario Delgado, secretario de Finanzas, administraba los dineros del PCD, junto con Ramón Montaño, actual oficial mayor del GDF.
Alejandra Moreno Toscano, autoridad del Centro Histórico, es considerada la "madre política" de Ebrard, pues lo arropó cuando era secretario de Gobierno con Camacho y ella coordinadora de Asesores.
La consejera jurídica, Leticia Bonifaz, y Héctor Antuñano, director general de Gobierno del Distrito Federal también formaron parte del PCD.
El actual secretario de Seguridad, Joel Ortega, es el más perredista de este grupo. Milita en el partido y ha ocupado cargos con Cuauhtémoc Cárdenas, Rosario Robles y López Obrador. Pero tiene sus orígenes en el camachismo. Fue director general de Autotransporte Urbano en el gobierno de Camacho, fundador del PCD y en el 2000 compitió bajo las siglas del PCD por la jefatura delegacional en Gustavo A. Madero, en alianza con el PRD.
En medio de estos fundadores del PCD, destacan cinco perredistas con cargos relevantes: como Martí Batres, secretario de Desarrollo Social; Armando Quintero, en Transporte y Vialidad; Alejandra Barrales, en Turismo; Clara Brugada en la Procuraduría Social y Juan José García Ochoa, subsecretario de Gobierno.
Todos ellos, como parte de alianzas ente Ebrard y sus corrientes de origen.
En la visión de miembros de Nueva Izquierda, Ebrard llega sumamente débil al congreso, pues el equipo con que trabaja en el PRD sólo son Quintero y Batres.
Mientras que la alianza con la corriente de René Bejarano (Izquierda Democrática Nacional) está desmejorada, y en conjunto ninguno de sus grupos afines le da presencia nacional.
La estrategia
Desde el gobierno del Distrito Federal se dice que el mandatario local lleva al Congreso "ases" bajo la manga, y que recogerá frutos de una estrategia de posicionamiento interno basada en dos ejes.
Primero, las reuniones que hace al menos una vez por semana en la colonia Condesa para despachar asuntos del partido y donde todas las corrientes están invitadas, aunque nunca asiste Nueva Izquierda.
Segundo, la alianza con gente leal al ex candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, para conseguir la dirigencia del partido.
En esa lógica, Ebrard ha sido fiel a su juramento ante la Convención Nacional Democrática, en la que se decidió nombrar presidente legítimo de México a Andrés Manuel López Obrador, y desconocer a Felipe Calderón.
La relación del Distrito Federal con el gobierno federal está a cargo del secretario de Gobierno y las cabezas de despacho en cada ramo. Ningún oficio firmado por Ebrard ha sido dirigido a la Presidencia de la República y tampoco han permitido que comparta rúbrica con Calderón.
El mismo Ebrard asegura que nunca le verán con Calderón en la foto oficial o acto público y que nunca olvidará los agravios de la elección presidencial del 2 de julio.
En esas "vencidas" con Calderón, Ebrard ha salido bien librado, si se toma en cuenta que logró el refinanciamiento de la deuda capitalina y la intervención de Conagua para evitar una crisis por el mal estado del drenaje en la ciudad, sin necesidad de reconocer al Presidente.
Para el diputado local Agustín Guerrero, ése es el principal activo de Ebrard rumbo al Congreso Nacional: una actitud congruente que le da un liderazgo sólido
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Aborto: el primer deslinde
Archivos del poder
Por: Martín Moreno
Más allá de implicaciones de salud pública o ideológicas, la despenalización del aborto en el Distrito Federal significa el primer deslinde claro de la corriente más poderosa dentro del PRD —Nueva Izquierda (NI)— del liderazgo que aún mantiene Andrés Manuel López Obrador en el partido, y del gobierno de Marcelo Ebrard. Es comenzar a marcar distancias tanto con el gobierno legítimo obradorista como con el falso izquierdismo ebrardista. "Les vamos a ganar la agenda. Vamos a recuperar al partido", advierten los integrantes de NI.
Y es que la batalla que se dio desde la Asamblea Legislativa del DF fue impulsada exclusivamente por las cabezas de Nueva Izquierda y nada tuvieron que ver ni AMLO ni Ebrard. Aún más: los ex priistas nunca vieron con simpatía esta reforma, pues eran totalmente ajenos a ella y en ningún momento se les consultó para sacarla adelante. Por eso la criticaron a través de terceros y le regatearon apoyo inicialmente.
En el fondo, la corriente encabezada por Jesús Ortega y apuntalada con los liderazgos del senador René Arce —quien se ha erigido como el factor de poder más influyente en el DF— y el presidente de la Comisión de Gobierno de la asamblea capitalina, Víctor Hugo Círigo, comienza a acotar la hegemonía de AMLO en el partido, con miras a la renovación de la dirigencia nacional, para que a la presidencia partidista llegue un verdadero izquierdista en lugar de Leonel Cota Montaño, quien se ha desempeñado como un lacayo más al servicio del tabasqueño. La intención de NI es arrebatarle la presidencia del PRD al obradorismo y, con las riendas del partido bien sujetas, prepararse para las elecciones intermedias de 2009 y enfilarse a la presidencial de 2012, al postular a verdaderos representantes de la izquierda y no a ex priistas —como López Obrador, Ebrard, Cota, Monreal, Camacho y compañía—, que se han apoderado del PRD sin importarles ideologías ni muchos menos el pensamiento social que enarbola la izquierda.
La intención de Nueva Izquierda —por mucho la corriente más importante e influyente del perredismo nacional, tanto en las cámaras de Diputados y de Senadores como en la ALDF— es aislar paulatinamente a la presidencia legítima de AMLO y a las estridencias y fanatismos que la rodean, que tanto han dañado políticamente a la verdadera izquierda mexicana. "Queremos convertirnos en una izquierda útil, progresista, moderna y confiable para los mexicanos, lejos de delirios y de locuras que a nada nos conducen. Tenemos que dar otra imagen", confían a estos Archivos representantes de NI.
López Obrador nunca estuvo de acuerdo con el procedimiento para despenalizar el aborto debido a una sencilla razón: no era una propuesta suya y sí impulsada por una corriente ajena a él y a sus incondicionales. En privado no hablaba sobre esta reforma, pero los nuevoizquierdistas registraron el golpe cuando Bernardo Bátiz, uno de los voceros de AMLO, dijo públicamente que "era una imprudencia que se promoviera la despenalización del aborto, cuando había temas más importantes que tratar, como la ley electoral y el ataque a la pobreza". Fue el mensaje obradorista.
El jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard —a quien los verdaderos izquierdistas detestan por su oportunismo político y le advierten que se olvide de la candidatura presidencial del PRD—, tampoco fue consultado sobre la despenalización del aborto y por ello no respaldó, en principio, la propuesta. El falso izquierdista fue inclusive titubeante con el proyecto. En el aniversario del natalicio de Benito Juárez, Ebrard tuvo el siguiente diálogo con Círigo:
- Ya saquen lo del aborto, Víctor Hugo… Apúrenle…
- No, Marcelo. No vamos a forzar las cosas. Todo lleva su tiempo…
- Ahorita deberías echarte un discurso sobre Juárez… dar un mensaje, Víctor Hugo… Agarra el micrófono…
- Mejor hazlo tú, Marcelo. Tú eres el jefe de Gobierno.
- Tendría más impacto…
Y acorralado por las circunstancias, Ebrard tuvo que hablar en el Hemiciclo a Juárez y apoyar públicamente, hasta el 21 de marzo, la batalla que su partido daba por despenalizar el aborto, a pesar de que las discusiones habían iniciado meses antes. "Marcelo nunca quiso involucrarse. Ahora no le queda otra más que apoyar".
Así, la lucha por despenalizar el aborto en el DF, las circunstancias y los desencuentros al interior del PRD, simboliza el primer deslinde importante de Nueva Izquierda del liderazgo de AMLO. La nueva ley allí está, bajo el sello de la izquierda y ajena al obradorismo y al gobierno de Ebrard. Más allá de posturas ideológicas, ha comenzado el corte del cordón umbilical que aún mantiene unidos al PRD y a López Obrador, para darle un golpe de timón al rumbo que ha mantenido la izquierda después de las elecciones del 2 de julio de 2006. A ver cómo les responde AMLO.
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El zar de ´Chilangolandia´
El zar de ´Chilangolandia´
Estrictamente personal
Raymundo Riva Palacio
El Universal
Miércoles 04 de abril de 2007
Un ex guerrillero convertido en fogueado político se ha convertido en el poder real que enfrenta diariamente a Marcelo Ebrard
Desde las sombras, René Arce se ha convertido en el verdadero poder político en el Distrito Federal. Por las manos del senador del PRD pasan el presente y el futuro inmediato de la izquierda en la capital federal, el principal bastión político y semillero electoral del partido, donde se juegan las fichas para el futuro presidente del instituto, y las candidaturas a la Presidencia y a la jefatura de Gobierno en 2012. Es decir, buena parte del destino del actual gobernador capitalino Marcelo Ebrard, y del delfín de Andrés Manuel López Obrador para dirigir el partido, Alejandro Encinas, se encuentra en sus manos, sus ánimos y sus humores.
René Arce pertenece a una de las corrientes históricas del PRD, Nueva Izquierda, que fundó y encabeza formalmente Jesús Ortega, quien vela armas para enfrentar a Encinas por la conducción del partido. Esa vieja relación política ha permitido injertar en el imaginario colectivo el conflicto que tiene Ebrard con su partido, y en particular con esa corriente que genéricamente es llamada como Los Chuchos, cuando en realidad no es él el origen del diferendo sino Arce. Las fobias contra Ebrard se han venido acumulando, y las presiones al interior del PRD por las recientes acciones de gobierno en Tepito e Iztapalapa lo único que han logrado, dentro del partido, es acentuar las críticas y repudios de las tribus perredistas contra el gobernante, por estar afectando a las clientelas electorales.
Arce es la pieza fundamental en el tablero político de la izquierda en el Distrito Federal, y en la actualidad es él quien toma las decisiones políticas más importantes que impactan en la ciudad. Su red de poder está bien afianzada. Dentro del gobierno capitalino, tiene incrustada a Laura Velázquez, secretaria de Desarrollo Económico, que de ser una pieza del bejaranismo, al colapso de la corriente pasó a formar parte de Nueva Izquierda. En las delegaciones políticas, tiene controladas Iztapalapa -su bastión desde 1990-, donde no sólo él y su familia han sido delegados, sino actualmente tiene ahí a Horacio Martínez, quien la hacía de su chofer, y preparan dejar en 2012 a su esposa, hoy en día diputada federal. También ejerce control total en Venustiano Carranza y en Milpa Alta. Con la crisis del bejaranismo, otras dos delegaciones que le pertenecían a la corriente, Cuajimalpa y Álvaro Obregón, están coqueteando con Arce.
Ebrard no tiene a nadie colocado como jefe delegacional. Pero no es su peor pesadilla. Ésta se encuentra en la Asamblea Legislativa, que es la que determina la viabilidad y factibilidad del programa de gobierno de Ebrard. El Congreso local lo integran 66 diputados, 34 de ellos de mayoría relativa que pertenecen al PRD. De esa suma, 13 son leales a Ebrard y 21 a Arce, entre los que se encuentra su medio hermano Víctor Hugo Círigo, el ex delegado en Iztapalapa quien no sólo es coordinador de la fracción del PRD en la Asamblea Legislativa, sino presidente de la Comisión de Gobierno. Al ser un órgano que no se ha modernizado, esa comisión concentra todo el poder.
La suma de todo ello permite que la política camine. En México, como en el mundo, la fuerza política no sólo se ve a través de las posiciones, sino sobre todo por medio de los montos presupuestales. Si se hace un cálculo somero de las posiciones ejecutivas y legislativas que ocupan en el Distrito Federal en función de sus asignaciones presupuestales, el volumen de recursos que están bajo su control asciende a casi 8 mil millones de pesos anuales. El aceite que tiene Nueva Izquierda para alimentar su maquinaria política no es nuevo. De hecho, su fortaleza se pudo apreciar durante los dos meses que duró el megaplantón que ordenó López Obrador para ejercer presión postelectoral sobre las instituciones, y cuya columna toral, en longitud y músculo, estaba sustentada en esa corriente, que ocupaba casi tres cuartas partes de la protesta, sin contar con el grupo de choque de los llamados Panchos Villas, que organizó centros de reacción rápida, en caso de un desalojo, a lo largo de la protesta callejera.
La rebanada del pastel político y presupuestal expuesta no incluye la inclinación que están teniendo las delegaciones bejaranistas, o los legisladores de esa corriente que están viendo en Arce mejores posibilidades de escalamiento político, sino la eventualidad que otros dos miembros del gabinete de Ebrard que vienen de otras corrientes salten de barco. Pero su poder no se limita a esos órganos. En el Senado, donde el control del PRD lo tiene Nueva Izquierda, el coordinador priísta Manlio Fabio Beltrones realiza negociaciones alternas con ese partido con Carlos Navarrete, quien es el coordinador de los perredistas y miembro también de Nueva Izquierda, y con Arce. Y en la Cámara de Diputados se encuentra su vieja aliada Ruth Zavaleta, ex delegada en Venustiano Carranza, quien es vicepresidenta del Congreso federal, donde hay tantos diputados afines que tienen una pequeña bancada dentro del PRD, cuya fracción la dirige el cardenista Javier González.
En la capital, Arce tiene ascendencia poderosa sobre el presidente magistrado del Tribunal Electoral del DF, Miguel Covián Andrade, quien fue subdirector jurídico y de Gobierno de las delegaciones Cuajimalpa e Iztapalapa en 1988, así como sobre la consejera del Instituto Electoral capitalino Yolanda Columba León Martínez. En la acumulación de posiciones y poder, este martes inició una nueva batalla con Ebrard al comenzar la discusión en la Asamblea Legislativa para el nombramiento del nuevo contador mayor, quien revisará las cuentas del gobierno local, y cuya designación tendrá que salir antes del 10 de abril. Arce tiene a dos piezas como candidatos, Diana Bernal, que es magistrado, y Daniel Vega Vera, quien fue el fiscal para periodistas, a los cuales enfrentarán a las propuestas de Ebrard.
René Arce, no Jesús Ortega, es el verdadero adversario de Ebrard en la capital mexicana, y quien le ha construido los obstáculos más altos en su naciente administración. Lo ha frenado en la Asamblea capitalina y le ha rechazado iniciativas. Incluso le han tomado la tribuna. Impidió que su lugarteniente Alejandro Rojas Díaz-Durán llegara al PRD capitalino. Ahora está montándole una corriente de opinión muy crítica hacia el interior del partido para denunciar que sus operativos metropolitanos perjudican al PRD antes que a nadie. La lucha contra el jefe de Gobierno es soterrada, y si Ebrard no restablece sus alianzas políticas dentro del equipo de López Obrador y con las otras tribus del PRD, difícilmente podrá con Arce, el zar de Chilangolandia y uno de los factores de poder real en la izquierda mexicana.
rriva@eluniversal.com.mx
r_rivapalacio@yahoo.com
Labels: Clase Política, PRD
Los otros cien días: Marcelo Ebrard
Razones
Por: Jorge Fernández Menéndez
El jefe de Gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, cumplió, cinco días después de Felipe Calderón, sus primeros cien de gobierno. Ebrard ocupa la posición política más importante del perredismo en el país y resulta casi obvio que aspira, a partir de ella, a jugar un papel protagónico en 2012. Ese solo hecho sería suficiente para analizar con atención su labor. Pero, además, la forma en que ejerza Marcelo el poder nos mostrará, con bastante claridad, cómo puede o no evolucionar el PRD de cara al futuro.
Ebrard siempre ha sido un administrador público eficiente. A primera vista resulta casi evidente que su gestión en la Jefatura de Gobierno capitalina parece ser mucho más ordenada que la de su antecesor. En el papel, tiene planes concretos de gobierno y objetivos claros en término de políticas públicas. Pero el gran problema de Ebrard es cómo ejecutar esas políticas sin entrar en confrontación con los sectores más duros del PRD, de qué manera hacerlo sin evidenciar la pésima gestión de López Obrador, cómo, sin confrontarse con la mayoría de la Asamblea Legislativa capitalina controlada por Nueva Izquierda y en qué forma hacer todo eso sin haber construido, aún, una fuerza política propia, dentro o fuera del perredismo, que lo respalde.
Los operativos en Tepito escenifican con bastante claridad esa situación. La actividad desarrollada por el Ejecutivo federal al respecto y un crecimiento de la inseguridad, derivado en parte del cambio de administración y de la ruptura, en este caso parcial, de controles y complicidades, prácticamente obligó a Marcelo a actuar contra alguno de los principales bastiones de la criminalidad en el barrio de Tepito. Pero allí mismo se demostraron las contradicciones y los formidables enemigos, la mayoría de ellos internos, que Ebrard debe enfrentar y vencer. Se tomaron medidas simbólicas que sirven (como también lo hacen en otro plano los operativos federales) para enviar la señal de que el Estado aún tiene fuerza para recuperar el control de zonas que están hoy bajo la autoridad de la delincuencia. Se hicieron dos expropiaciones, se mostró el músculo, se detuvo a un personaje apodado El Gus, pero no se tocó a ninguno de los principales operadores en la zona, mucho menos a alguno de los tres o cuatro grandes jefes del ambulantaje que, en muchas ocasiones, tienen más de una liga con el narcomenudeo, pero son también, casi todos ellos, aliados del perredismo capitalino, comenzando por la familia Padierna.
En una reunión con México Unido contra la Delincuencia , Marcelo hizo el que es, sin duda, su compromiso más importante: en un año, dijo, dejaría al Centro Histórico libre de vendedores ambulantes. Estamos hablando de desalojar de esa zona de la ciudad a unos 20 mil vendedores manejados por varios líderes enfrentados entre ellos. Ya éstos y buena parte de los propietarios de los puestos han dicho que no se irán y en estos días pareciera que incluso el número se ha incrementado, probablemente para sumar fuerzas, acrecentar la oposición y, si fuera necesario, aumentar el costo de la negociación. Si Marcelo logra cumplir esa promesa, será un logro indiscutible en términos de opinión pública, gobernabilidad y eficiencia, que entonces sí lo situaría en el escenario nacional. Pero si no lo hace, se le verá como un mandatario local débil que no pudo con los poderes fácticos de la ciudad.
Se dijo que los operativos como el de Tepito continuarían en Iztapalapa, pero allí aún no ha ocurrido nada, quizá porque no se puede abrir otro frente cuando apenas si se puede con el del Centro Histórico, quizá porque lo que se haga en Iztapalapa no generará los mismos beneficios mediáticos, tal vez porque esa delegación es el gran bastión capitalino de Nueva Izquierda, una corriente con la cual Marcelo está lejos de tener un acuerdo político.
Mientras tanto, entonces, hubo que tratar de concentrar la agenda en otros puntos. Pero pareciera que esa agenda está aún demasiado dispersa y no logra reflejarse en los medios. En los últimos días se ha concentrado en tres temas: primero, la virtual reapertura del caso Belmar, donde la anterior administración fue tan negligente en la investigación que la única hipótesis posible es concluir que estaban protegiendo a alguien muy cercano al gobierno capitalino o a su ex candidato presidencial.
Se reabrirá, la pregunta es si ahora sí tendrá solución. También se decidió reabrir el caso de Digna Ochoa y modificar la versión oficial del suicidio de la abogada. Llegar a conclusiones diferentes después de tanto tiempo, de tantos intereses cruzados, de tanto manoseo de la investigación, será casi imposible. Si se recuperan los elementos perdidos es probable que se regrese a la versión del suicidio o, peor aún para ciertos sectores, que nos encontremos con un caso similar al de algunos dirigentes eperristas de Guerrero asesinados por sus mismos ex compañeros.
Finalmente, una tercera estrategia, más agradable, ha sido la de impulsar el tema del canal de televisión para el GDF (un objetivo técnicamente difícil de concretar en el corto plazo), con la instalación de un consejo asesor pletórico de personajes del mundo intelectual. Y un cuarto capítulo, aún pendiente de escribirse, pasa por el apoyo que en principio le ha dado Ebrard a la iniciativa de despenalizar el aborto, que lo colocaría con firmeza en el escenario de la izquierda, pero lo alejaría de sectores que el lopezobradorismo cultivó, como son los más conservadores de la Iglesia católica. Si en el caso del presidente Calderón cien días fueron pocos para definir con claridad el futuro de su gobierno, en el de Ebrard ese periodo apenas si nos permite identificar algunas líneas muy tenues de lo que quiere y, sobre todo, de lo que puede hacer el jefe de Gobierno.
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